Cuando el reloj biológico dice STOP

Cuales son las probabilidades de que cada vez que te montes en un avión tengas al lado a esos seres que no alcanzan ni medio metro y que hacen más ruido que el propio avión? En nuestro caso 100% de probabilidades, ni una más ni una menos. Este año hemos cogido muchos aviones y en todos ellos había uno o más niños llorando, gritando, cantando, jugando…He mencionado ya que lloran SIN PA-RAR? Abren y cierran compulsivamente la mesita de detrás de tu cabeza y por supuesto dan pataditas en el asiento? En ese momento mi instinto maternal brilla por su ausencia mientras mi instinto asesino se pone a la cabeza de la lista.

Y yo me pregunto, el destino nos quiere decir algo “sutilmente” cómo por ejemplo… Esto es lo que os espera, NO TENGÁIS HIJOS EVER? Conclusión: el avión es el mejor lugar para que tu reloj biológico se pare en seco y no quiera volver a funcionar jamás.

Dicho esto, disfruten de lo que queda de verano! Nosotros nos vamos a la BEEACH!

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